
Lejos de quedarse sobre el tópico de la imagen colectiva de África (que por cierto es infinitamente diversa en cada palmo de su territorio) basadas en el sentimiento de empatía con una población, que sufre penurias para asegurarse la supervivencia, con tasas enormes de mortalidad infantil y esperanzas de vida, hasta los 50 años.
Me interesa resaltar que, aunque que existe mucho de esto en el territorio que nos tocó trabajar para este proyecto, las reflexiones más profundas vienen al ver que existen comunidades con rasgos socio-culturales y económicos tan dispares y distintos a los que entendemos en la sociedad occidental, y que por lo tanto, nos debemos a la reflexión constante sobre lo que significa la cooperación y los ámbitos en los que se interviene.
La cooperación nace como respuesta al mensaje colectivo que se ha venido forjando desde fines de la segunda guerra mundial (Truman, discurso en el congreso de USA, 1949), sobre la existencia de países pobres y países ricos, es cuando surge el concepto de subdesarrollo, y se fija como objetivo común que todos lleguen a los niveles de vida y bienestar de los países industrializados. Nacen así las necesidades básicas, traducidos hoy en día en los indicadores que utilizamos a diario, para medir el avance o retroceso sobre aspectos del desarrollo humano. Aunque en su postulado pueda parecer como positivo basarse en estos indicadores para superar la pobreza desde una perspectiva occidental, no podemos olvidar que al utilizar constantemente las palabras en un discurso retórico, las desproveemos de significado. Por ejemplo, pobreza, desarrollo, etc., ¿pobreza de qué? La pobreza de ingreso no mata, de hecho existen territorios donde se puede vivir con precariedad de bienes materiales y de intercambio, pero que las materias primas esenciales, alimentos, vestir, etc. Están aseguradas a través de diferentes sistemas, existe una precariedad sin duda, pero con dignidad, mientras se forme parte de una comunidad. El malestar viene más bien cuando aparece la desigualdad. Es por ello que las reflexiones y estrategias en estos proyectos deben recoger la complejidad desde el acercamiento real a las verdaderas necesidades fundamentales endógenas de estas comunidades y no necesariamente a las que nosotros entendemos como básicas.
Nos hemos acostumbrado en occidente a que la única económica posible sea la del comercio, lo que se conoce como crematística, el arte de la adquisición de valores de cambio, Las alternativas de economías de autosuficiencia, reciprocidad y redistribución (Polanyi, Stahel), que pueden perfectamente coexistir con el comercio, se han visto subordinadas a la crematística, sin embargo en culturas como las que nos podemos encontrar en estos territorios de actuación de la cooperación, siguen existiendo estas posibilidades, es por ello que, nos resulta fundamental abrir nuestras mentes e incluso nuestros espíritus, a analizar de forma endógena los proyectos a la hora de intervenir en un territorio con características socio-culturales y sociales, tan diversas a las nuestras. La educación, la salud y el desarrollo no pueden ser abarcados desde los preconceptos que tenemos en las sociedades industriales y de la información, al acercarnos a estas nuevas estructuras sociales, muchas veces desconocidas en profundidad. Por ejemplo, la necesidad fundamental de entendimiento, puede ser satisfecha a través de la educación formal como la entendemos, pero no necesariamente, la escuela es parte o una de las soluciones y no la o única solución a la necesidad de entendimiento del entorno que nos rodea (Max-Neef).
Para terminar, la experiencia personal y colectiva, me deja gratamente satisfecho, ya que reafirma mi convicción que el respeto y progreso está en tolerar la diferencia, y no en la utopía de la homogenización, siempre desde una mirada reflexiva, alegre y constructiva.
Alexandre Carbonnel





